martes, 31 de julio de 2007

Descifran cómo decodifica el cerebro el lenguaje escrito

Mario Sigman
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Tiene áreas neuronales que detectan grupos de letras de creciente complejidad
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En términos evolutivos, el lenguaje escrito es una invención relativamente reciente. Los primeros registros, de hace "apenas" cinco mil años, son los caracteres ideográficos de los sumerios
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Más de dos milenios después, partiendo de un sistema de escritura difundido por los fenicios, los griegos empezaron a escribir separadamente las vocales y las consonantes que se convertirían en la base del alfabeto occidental
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Pero aunque hoy nos parezca algo natural, cabe preguntarse cómo hizo el cerebro para desarrollar la habilidad de interpretar las infinitas combinaciones gráficas del lenguaje
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"A los neurocientíficos nos intrigaba cómo un sistema visual que a lo largo de cientos de miles de años se había sistematizado para ver árboles, caras, animales, grutas y sombras se volvió luego tan eficiente como para vivir en el mundo de las palabras", dice el físico argentino Mariano Sigman, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, que firma -junto con Fabien Vinckier, Stanislas Dehaene, Antoinette Jobert, Jean Philippe Dubus y Laurent Cohen- un trabajo que analiza cuáles son los circuitos cerebrales involucrados en la percepción de la palabra escrita y que acaba de publicarse en la revista científica Neuron
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Para contestar esa pregunta, los investigadores partieron de la hipótesis de que, como sucede con otros atributos de la cultura, estaban ante un caso de "reciclaje" de circuitos desarrollados con otro fin
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Y teorizaron que, para el reconocimiento de la escritura, el cerebro opera sobre la base de la jerarquización
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"La palabra es un objeto visual que corresponde a un ente semántico -explica Sigman-
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Obviamente, este objeto visual depende de la notación que uno emplea, que en nuestro caso son símbolos que se recombinan según distintas reglas
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Uno aprende a leer deletreando, pero hay un momento en que ve ese objeto como un todo y aunque cambien un poquito algunas partes igual lo reconoce. Es que para el cerebro hay letras que son más importantes que otras
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Según detalla Sigman, en la mayoría de los idiomas casi toda la información está en las consonantes. Las vocales son como "puentes fonológicos" que sirven para hacer más fácil el discurso. Eso explica por qué, por ejemplo, uno puede deducir que el grupo "plbr" quiere decir "palabra"
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En los distintos idiomas, hay algunos arreglos de letras que son frecuentes, que son posibles, y otros que no -agrega-
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En teoría, un chico inglés debería tener elementos mentales que le permitieran reconocer la conjunción de la «t» y la «h», porque para ellos es importante, pero un chico argentino, no
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Utilizando resonancia magnética funcional para entender qué pasa en el cerebro durante la lectura, los investigadores pudieron corroborar que en un área visual localizada sobre el lóbulo izquierdo hay distintas regiones que se activan según se presenten letras, bigramas (conjunciones de dos letras), trigramas o cuadrigramas frecuentes
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Les mostramos subliminalmente a individuos normales toda una familia de imágenes que rompen las reglas lingüísticas, tanto en el nivel de la letra como del bigrama, del cuadrigrama y de la palabra -explica Sigman-
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Así pudimos corroborar que el cerebro tiene «detectores» de letras que se recombinan para generar detectores de combinaciones de letras, pero no de todas, sino sólo de las que son posibles dependiendo de cuál sea el idioma en que se lee, y así sucesivamente. Es como si se activara el primer piso para las letras, el segundo para los bigramas, y así
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Existe lo que en matemática llamamos «gradiente»: una progresión de complejidad
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A partir de estos hallazgos realizados en Francia, Sigman ahora quiere desarrollar en el país un método que permita enseñar a leer de forma más eficiente en situaciones en las que la educación no fue muy exitosa, como la dislexia
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La pedagogía es muy empírica -concluye Sigman-
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Nosotros pensamos que esta idea de una construcción jerárquica en la interpretación de la palabra escrita debería dirigir la progresión del aprendizaje. Todavía no tenemos un método, pero sí un camino para analizar el problema
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Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION
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