domingo, 23 de noviembre de 2008

Las mascotas, inteligentes y terapéuticas

Antes se creía que reaccionaban por reflejos; hoy se sabe que sienten emociones y que tienen efectos benéficos sobre sus dueños
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¿Alguna vez se le cruzó por la cabeza que su mascota es tan inteligente que sólo le faltaría hablar?
¿Y que su compañía puede hacer mucho por su salud física y mental?
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Basta con ir a una plaza temprano por la mañana para ver cómo los dueños les hablan a sus perros, un jubilado es bienvenido por una bandada de palomas, o una vecina "mascotera" recibe muestras de afecto de los más de diez gatos.
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En los últimos 15 años, científicos de todo el mundo establecieron que los animales tienen un valor terapéutico.
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En Cambridge, Inglaterra, descubrieron que un mes después de "adoptar" un gato o un perro el dueño siente una "significativa" reducción en padecimientos menores.
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El Instituto de Investigaciones Baker, de Melbourne, Australia, mostró que los beneficios para la salud son todavía más importantes.
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Un estudio en 6000 pacientes reveló que los que teñían mascotas tenían menor presión sanguínea, menores niveles de colesterol y menor riesgo de ataque cardíaco.
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Hace una década, las emociones y capacidades cognitivas que solemos atribuirles a nuestras mascotas habrían causado risa entre los estudiosos del comportamiento animal.
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Pero este año, los etólogos más reconocidos del mundo se reunieron en Hungría para reivindicar, de alguna manera, esa percepción popular.
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¡Guau! ¡Miau!
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"Antes, los científicos se referían a los animales como máquinas de reflejos que sólo reaccionaban a los estímulos de su entorno.
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Hoy sabemos que su cerebro es muy parecido al nuestro en cuanto a sus estructuras internas, pero en la mayoría de los casos es mucho más pequeño.
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Por eso, las emociones y los sentimientos son frecuentes en el reino animal, aunque existe una gran diferencia entre nosotros y ellos", explicó a LA NACION el doctor Vilmos Csanyi, miembro de la Academia Húngara de Ciencias, que participó especialmente invitado en ese primer Foro de Ciencia Canina.
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Por vía electrónica desde Budapest, el autor de 24 libros sobre comportamiento animal y más de 200 trabajos publicados explicó:
"Cuando un animal le tiene miedo a algo, tiene una sensación real.
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Si un ser humano siente lo mismo, elabora esa sensación y la transforma en una estructura grande y compleja (como la idea del mal) que le produce ansiedad.
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Los animales tienen una imaginación muy limitada, pero tienen sentimientos.
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Las mascotas piensan en imágenes; nosotros lo hacemos en imágenes e ideas. Esa es la gran diferencia".
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Durante la reunión en Budapest, más de 200 etólogos concluyeron que los perros, por ejemplo, tienen cierto sentido del bien y el mal que les permite "negociar" en el entorno social humano.
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El hecho de que un perro no "confunda" el juego con la lucha, por ejemplo, es un signo de que los animales de compañía cumplen reglas y espera lo mismo de los demás, como lo demostró el biólogo Marc Beckoff, de la Universidad de Colorado, en los EE.UU.
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La doctora Akiko Takaoka, de la Universidad de Kyoto, en Japón, fue más allá al afirmar que las mascotas no sólo se pueden comunicar con nosotros a través del lenguaje corporal y gestual, sino que también pueden distinguir características propias del habla, como el tono, y hasta si la voz pertenece a un hombre o a una mujer.
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"Las habilidades cognitivas de los animales se corresponden con su entorno y los problemas que deben resolver.
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Nuestro entorno social e interacciones con otros seres humanos son más complejos, y por eso tenemos habilidades cognitivas más sofisticadas", precisó Csanyi, profesor emérito y fundador del Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd.
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A diferencia del ser humano, dijo, la mayoría de los animales poseen capacidades especiales para enfrentar problemas específicos y no pueden hacer generalizaciones.
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A la vez, entre los animales, hay matices que los diferencian:
"La comprensión social de los perros es altamente sofisticada porque su entorno es el del ser humano -señaló el autor de Si los perros pudieran hablar -.
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.Sienten empatía hacia nosotros; comprenden y aceptan reglas simples; nos pueden imitar y hasta pueden cooperar con nosotros".
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Una familia especial
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La familia de Luciana Quaini está integrada por su esposo, su hijo Fede, de 2 años y 4 meses, y tres gatos recuperados de la calle:
Pascual, Pelusa y Manola. Aunque son naturalmente menos dóciles que los perros con los que ella creció, los tres felinos gozan en la casa de la mejor reputación.
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"Son muy inteligentes; perciben todo los que nos pasa y son todo cariño", enumera Luciana.
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"Les hablamos todo el día, y cuando llegamos de la calle, los saludamos, y Fede les da besos y les cuenta todo lo que hizo.
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También aprende con ellos, porque sabe qué es un bigote, una oreja, los ojos... Cuando crecen con animales, los chicos aprenden a no maltratarlos y a llevarse mejor con los demás."
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Según un estudio realizado hace 25 años y muy citado aún, convivir con animales no sólo proporciona compañía, sino que también da seguridad y satisface la necesidad naturalmente humana de tener alguien a quien cuidar y que nos necesiten.
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Algunos especialistas consideran que las mascotas hacen más que las píldoras.
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Por ejemplo, un estudio japonés descubrió que los mayores de 65 años que tenían mascotas hacían un 30% menos de visitas al médico.
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Los chicos con discapacidades mentales y físicas forman un vínculo particularmente intenso con los animales.
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El próximo miércoles, entre las 9 y las 18, se abordará en la Rural el uso de la equinoterapia en el tratamiento de personas con necesidades especiales, con la presencia de especialistas argentinos y extranjeros.
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En Gran Bretaña, algunas prisiones ahora propician que los internos tengan pájaros, peces e incluso gatos.
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Afirman que es, para algunos, la primera oportunidad de experimentar lo que es dar y recibir afecto.
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Un descubrimiento sorprendente es que algunos perros pueden anticipar ataques epilépticos, aparentemente detectando cambios sutiles en sus dueños.
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De los tres gatos de la casa de Luciana, Pascual es el más juguetón, pero el más difícil a la hora de la comida.
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"Lo tenemos que llevar al patio porque nos saca la comida del plato", dice.
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Pero como bien puede confirmar cualquier dueño de una mascota, todas tienen un gran sentido social:
"No saben discriminar -resume la mamá de Fede-.
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No les importa si un chico está en silla de ruedas o si una persona es ciega".
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En ese sentido, según parece, nos habrían superado.
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Fabiola Czubaj
LA NACION

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